Por Laura Carlsen, Directora del Programa de Las Americas, IRC
Tecún Umán es un pueblo trampolín. Desde allí se lanzan cientos de migrantes diarios, que deben recorrer miles de kilómetros a su suerte para llegar a Estados Unidos. No se trata tan sólo es una ciudad fronteriza, sino de una frontera geopolítica que ha sufrido cambios drásticos en su vida interna cada vez que se modifican las políticas migratorias y económicas de los países—norte y sur--que forman parte de este gran circuito humano. Al borde de la esperanza y la decepción, inmersa en la violencia y la corrupción, con una población flotante que supera por mucho su población estable, ¿qué mejor lugar que éste para hablar sobre los migrantes y su derecho a la comunicación?
Y eso fue precisamente lo que hicieron una treintena de comunicadores, periodistas y defensores de derechos humanos los días 12-15 de marzo, en la Casa del Migrante de Tecún Umán. Convocados por la Asociación Mundial de Comunicadores Cristianos (WACC, por sus siglas en inglés), un grupo conformado por representantes de varias iglesias y afiliaciones se juntó para intercambiar experiencias en la lucha por dar visibilidad a los migrantes en los medios y facilitar el ejercicio de su derecho a la comunicación. A lo largo de los casi cuatro días de trabajo, los y las participantes profundizaron en el tema y avanzaron en la definición de estrategias concretas que pueden facilitar, por un lado, la comunicación entre migrantes y con sus familiares, y, por otro, la difusión de su situación en sus países de origen, de tránsito y de destino.
Al juntar a periodistas y a migrantes en la Casa Migrante de Tecún Umán, el seminario buscó unir dos experiencias--el trabajo de comunicación de los profesionistas, y las vivencias de los migrantes--en un solo cometido. Partió de la idea de que sólo con el contacto humano y un conocimiento directo de la experiencia migratoria podría cambiar las imágenes mediáticas de la gente que migra para darle mayor sensibilidad y profundidad, y lograr que la comunicación sea un derecho accesible, así como una herramienta en las manos de los migrantes.
De globalización, migración y los medios
En el seminario se habló, entre otras cosas, de los impactos de la globalización
en los países de América Latina, el fenómeno actual de
la migración y la distinción entre migrantes y refugiados. Se
vio que los migrantes a nivel mundial enfrentan mayores obstáculos para
que se reconozca su derecho a la comunicación que los refugiados. Pradip
Thomas, de la oficina internacional de WACC, explicó: “Los migrantes,
de alguna manera, están un una situación peor que los refugiados
porque son percibidos desde afuera como víctimas de su propia voluntad,
trasgresores voluntarios en una tierra ajena, y así no merecen la atención
mundial de los medios, mientras los refugiados son claramente víctimas
de conflictos políticos, étnicos, religiosos y civiles.”
Esta imagen—falsa, porque no toma en cuenta las condiciones de miseria en sus lugares de origen ni reconoce el derecho de inmigrar—dificulta su acceso a la información y comunicación, y resta legitimidad a su palabra. Irene Morales, de la organización Borderlinks en Nogales, Sonora, cuestionó la manera en que los medios diferencian estas realidades, al señalar que “los migrantes son los refugiados de la globalización, pero también son los peregrinos de la dignidad.”
Hubo consenso en que actualmente la cobertura del tema de la migración
en los medios masivos es, por lo general, escasa, superficial y muchas veces
sesgada con imágenes negativas de los migrantes El primer reto para los
comunicadores entonces es ¿cómo cambiar esta situación?
¿Cómo ir más allá de la lástima, la tragedia
ó los problemas, para contar una realidad igualmente llena de dignidad,
valentía y perseverancia? ¿Cómo dar, en fin, el protagonismo
a los mismos migrantes?
Se acordó que el reto va más allá del compromiso por mejorar
la calidad de la información, e implica un compromiso humanitario y,
desde nuestra fe, de utilizar la comunicación para alcanzar lo que buscan
los propios migrantes: una sociedad más justa, con más compasión
y oportunidades reales de superarse en la vida, lo cual es un derecho humano,
sin importar el país en donde nazca uno.
Pasos adelante
A lo largo de cuatro días de trabajo, el grupo heterogéneo concentró
sus actividades y reflexiones alrededor de un reto común: informar para
cambiar. Al compartir experiencias diversas, sus integrantes se dieron cuenta
de que los parámetros de lo posible son más amplios de lo que
se había pensado. Abundan los ejemplos:
1. Algunos periodistas de medios comerciales han logrado insertar el tema de la migración en sus periódicos desde una perspectiva de sensibilidad y respeto a los migrantes. Oscar Díaz, del periódico La Prensa Gráfica en El Salvador, tiene una sección sobre salvadoreños en el exterior, y Amafredo Castellanos ha logrado abrir un espacio en El Periódico de Guatemala para el tema. El reto es capacitar a más periodistas y medios en la relevancia del tema y formas correctas de tratarlo, para ampliar y sistematizar estos logros.
2. La radio comunitaria y alternativa parece ser un espacio idóneo para abrirse al tema de la migración. Además del acceso casi universal que se tiene a este medio en todos los países de América Latina, ofrece mayores oportunidades tanto de innovación en contenido como de que los migrantes y sus familiares participen activamente en la comunicación. María Cristina Reyes, periodista de Radio Progreso en Honduras, junto con un grupo de familiares formado por Edita Maldonaldo, ha creado un programa semanal abierto a parientes de los migrantes que busca informar y, específicamente, encontrar a los familiares que migraron y han perdido en contacto con sus familias en el país de origen. Ha logrado reunir a decenas de familias. Asimismo, el programa de radios comunitarios para comunidades desplazados en Colombia, explicó Alma Montoya, ha logrado mantener la unidad de personas en condiciones extremas de violencia y miseria. Programas parecidos existen en Costa Rica, con migrantes nicaragüenses.
3. La posibilidad de involucrar a miembros de la academia en proyectos de comunicación con migrantes es un área relativamente inexplorada pero con mucho potencial. Margarita Maass, de la Universidad Autónoma de México narró la experiencia de un proyecto para vincular comunidades de origen en México con las comunidades de migrantes en Estados Unidos, a través de programas de capacitación en el uso de sistemas de cómputo, y conceptos de comunicación compleja. El proyecto comenzó a construir redes con distintas universidades para promover la participación de estudiantes en proyectos de documentales, sistematización de información y comunicación con las casas del migrante en las fronteras sur y norte de México.
4. Las publicaciones de bolsillo, revistas y libros producidos por los programas que trabajan directamente con los migrantes (Casas de migrantes, centros de derechos humanos, etc.) intervienen en el área de comunicación en dos sentidos: hacia abajo, ofrecen información puntual a los migrantes en torno a sus derechos, los riesgos en el camino, los recursos que se ofrecen y las instancias a que pueden acudir. Hacia arriba, llevan las historias, las denuncias y las demandas de migrantes a las instancias gubernamentales, y a la sociedad en general para que conozca la realidad que vive esta gente.
El intercambio con los migrantes
Una parte fundamental del seminario fue el encuentro entre comunicadores y migrantes.
En el momento de entrevistar a las personas hospedadas en la Casa Migrante en
víspera de su paso a México, muchos esperaban encontrar reticencia
de su parte, timidez o desconfianza. Por lo contrario, en la mayoría
de los casos los migrantes contaban sus historias con fluidez y urgencia. Su
petición a los comunicadores fue clara: ‘cuenta lo que vivimos
para que sea más fácil para los demás, porque algún
día no muy lejano pasarán por el mismo camino nuestros hijos,
sobrinos, primos o hermanos. Cuenta nuestras historias para que ya no cometan
tantos abusos contra nosotros. Cuéntalo para que la gente entienda que
somos trabajadores necesitados, y no delincuentes.’
Proliferaron las historias de vejaciones y abusos en el camino. En el tren, quizá el medio de transporte más peligroso para llegar al norte, son comunes los asaltos por parte de las pandillas (“maras”) establecidas en la zona de Tapachula. Los abusos por parte de los policías y agentes mexicanos también son frecuentes, e incluyen robos, golpizas y extorsiones. Muchos de los entrevistados contaron que éste fue su segundo o tercer intento por llegar a los Estados Unidos y todos ellos relataron incidentes de atropellos por parte de las autoridades. Las mujeres, cada vez un porcentaje mayor de la gente que migra, enfrentan los mayores riesgos, entre ellos, violaciones y trabajo forzado.
La noche no fue suficiente para recoger todos los testimonios. Y la tarde del día siguiente, al ver cuando los migrantes se formaron frente a la puerta de salida rumbo al tren de carga que los llevaría hacia al norte--o al infortunio— se quedó una sensación de vacío frente a la incertidumbre de sus destinos. Si el contacto fue fugaz, como todo encuentro con viajeros, por lo menos tenía algo de duradero: el impacto que dejó en todos los participantes del seminario, y el compromiso de seguir acompañándolos.
Fortalecidos por el intercambio directo con los migrantes, los participantes en el seminario acordaron trabajar en varios proyectos de comunicación en conjunto, en adición al compromiso de tratar el tema en sus respetivos trabajos. El primero, es la producción de un guión para periodistas con consejos de cómo tratar el tema de la migración, incluyendo: evitar el uso de términos peyorativos (“ilegales” “mojados”) y permitir que los migrantes cuenten sus propias historias. El segundo es un folleto de bolsillo con un directorio de las Casas del Migrante y otros recursos en la trayectoria desde Centroamérica a Estados Unidos, y una lista de los derechos del migrante.
Durante los cuatro días de trabajo en la Casa del Migrante, el trasfondo constante fue el ir y venir de los migrantes. Unas sesenta personas al día encontraron allí hospedaje seguro, comida, asesoría práctica y compasión, con la ayuda de equipo de la Casa del migrante, bajo la dirección del Padre Ademar Barilli. Muchas personas no tenían nada más allá de esperanza de una vida mejor. Con tantas necesidades, el derecho a la comunicación puede parecer una necesidad menor. No es así. Negar la palabra, negar el derecho a comunicar es negar la humanidad de un grupo de personas. Luchar por el derecho a la comunicación es reafirmar nuestra humanidad compartida, y crear las condiciones para caminar juntos hacia un mundo más justo para todos y todas.
Para mayor información acerca del Programa de las Americas: http://www.americaspolicy.org/index-esp.html
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