Los medios de comunicación masiva están organizados conforme a líneas que siguen una sola dirección: de arriba hacia abajo, del centro a la periferia, de unos pocos hacia la mayoría, del "rico" en información al "pobre" en información. Este estado de cosas ha condicionado la mente de mucha gente, no sólo por el contenido de la información que se transmite, sino también porque se ha creado una "mentalidad de media masivo". Muchos piensan que así deben trabajar esos medios, Incluso a quienes propugnan una corriente de información horizontal, a menudo sólo les reocupa el aumento del número de canales, la diversificaron del contenido y la multiplicación de los medios a nivel local. Siguen adhiriendo al principio básico de la transmisión "vertical".

Por otra parte, hay actualmente una conciencia cada vez mayor de que los individuos y los grupos tienen necesidades en materia de información y comunicación que los medios masivos de comunicación no pueden satisfacer. Las técnicas modernas de comunicación podrían permitir o desarrollar una grado de participación mucho más elevado del que están dispuestos a consentir quienes controlan los sistemas.

La comunicación es, por definición, participativa. Es un proceso de dos direcciones. Es interactiva, porque hace compartir un mensaje y permite establecer y mantener las relaciones sociales. Cuanto mayor alcance y poder tengan los medios de comunicación, más grande será la necesidad de que la gente intervenga en actividades de comunicación propias, locales o entre grupos. De ese modo, se podrán descubrir y desarrollar formas tradicionales de comunicación.

Solamente cuando las personas son sujetos y no objetos de la comunicación, están en condiciones de desplegar todas sus posibilidades, tanto individual como colectivamente. La comunicación se considera en la actualidad una necesidad individual y social de tan fundamental importancia que se reconoce como un derecho human universal. Como tal, engloba las libertades tradicionales de expresión y de buscar, recibir y difundir información. Ahora bien, a esas libertades añade una nueva noción - tanto por lo que respecta al individuo como a la sociedad - a saber, la de acceso, participación y flujo de información bidireccional.

La comunicación participativa puede poner en tela de juicio las estructuras autoritarias de la sociedad, las iglesias y de los medios de comunicación, democratizando, al mismo tiempo, nuevos sectores de la vida. También puede impugnar algunas de las "normas profesionales" vigentes en los medios, al amparo de las cuales solo las personas poderosas, ricas y atractivas monopolizan la escena, excluyendo a la gente corriente, sean hombres, mujeres o niños. Por último, la comunicación participativa puede aportar a la gente un nuevo sentido de dignidad humana, una nueva experiencia de comunidad y el disfrute de una vida más plena.


Los medios masivos de comunicación son una forma de poder y a menudo un engranaje del sistema de poder. Por lo general, están estructurados de tal modo que refuerzan el status quo en provecho de quienes detentan el poder económico y político. Así, el poder de los medios masivos tiene un efecto dominador contrario a la comunicación auténtica.

No podemos comunicarnos con personas a quienes consideramos "inferiores", si no las respetamos como seres humanos. Solamente podemos darles información o venderles "productos elaborados por los medios masivos". La comunicación auténtica implica reconocer que todos los seres humanos tienen el mismo valor. Cuanto más explícita es la igualdad en las relaciones humanas, más fácilmente surge la comunicación.

Hay maneras brutales y sutiles de silenciar al pueblo. Los dictados del nacionalismo moderno y las exigencias de las ideologías dominantes son ejemplos de cómo se ha recortado la libertad y se han suprimido las opiniones divergentes. Cuando los medios masivos de comunicación se jactan de la libertad de prensa y difusión o la reclaman a gritos, habría que preguntarles: ¿qué libertad? ¿y la de quién? La libertad de comunicación está ligada a la búsqueda de comunidad y de satisfacción de la necesidades individuales y sociales de todos y no únicamente de unos pocos.

La comunicación que libera, capacita a las personas para que expresen sus propias necesidades y las ayuda a actuar juntas para subvenir a esas necesidades. Refuerza su sentimiento de dignidad y pone de relieve su derecho a participar plenamente en la vida de la sociedad. Está encaminada a la construcción de estructuras sociales más justas, más igualitarias, y de contribuir mejor al respeto absoluto de los derechos humanos.


Un cultura popular básica y una identidad cultural propia forman parte de la dignidad de la persona humana. Son numerosos los países y los pueblos que están redescubriendo y redefiniendo su identidad cultural básica. Esto es particularmente urgente cuando los valores relativos a la cultura, el idioma, la religión, el sexo, la edad y el origen étnico o racial han sido atacados o tratados con desprecio por miembros de otros grupos culturales.

Tal como se están estableciendo en la actualidad, las estructuras mundiales de comunicación constituyen una amenaza para la culturas y prioridades de muchos países. Lo que es más grave aún, las industrias del espectáculo, particularmente la televisión y los video programas están creando un medio ambiente de comunicación alienado y alienante.

Los criterios occidentales a que se ajustan los medios masivos de comunicación ya han sido adoptados por las elites nacionales de los países del Sur. Se han fijado las "normas" de los que se puede clasificar como "profesional" en las producciones de los medios de comunicación, impidiendo a menudo la aparición de formas alternativas de comunicación.

Los comunicadores tienen hoy la tremenda responsabilidad de utilizar e idear formas autóctonas de comunicación. Tiene que crear un ámbito simbólico de imágenes y dignificados mutualmente compartidos en el que se respete la dignidad humana y lo calores religiosos y culturales que constituyen la médula contemporánea son sus variadísimas culturas, que revelan la riqueza de la imagen de Dios en toda su diversidad.


Muchas personas que trabajan en los medios de comunicación están procurando interpretar los signos de los tiempos, porque ello forma parte de la tarea de información pública en la que están comprometidos, Para los cristianos, los acontecimientos cotidianos son parte de la agenda de Dios para la acción. En ella los planes de Dios se revelan a través de la cambiante circunstancias y de la nuevas oportunidades. Para discernir e interpretar correctamente la realidad, los comunicadores cristianos deben escuchar a Dios y dejarse conducir por el Espíritu. Este es un requisito de toda labor profética.

Sin embargo, las palabras no son más que una parte de la profecía. Adquieren verdadero sentido sólo cuando van acompañadas de la acción. La comunicación profética se expresa en palabras y en obras. Debe estar dispuesta a desafiar a principados y potestades, y ello puede implicar un alto costo.

La comunicación profética está al servicio de la verdad y desenmascara la mentira. Las mentiras y las verdades a medias son una grave amenaza para la comunicación. La comunicación profética estimula la conciencia crítica frente a la realidad construida por los medios masivos y ayuda a las personas a distinguir lo verdadero de lo falso, a discernir la subjetividad del periodista y a separar lo que es efímero y trivial de lo duradero y valioso. A menudo es necesario idear formas alternativas de comunicación para que las palabras y obras proféticas puedan llevarse a cabo.

Estos principios deberán guiar a los cristianos en su trabajo y misión de comunicación. Constituyen también el programa común de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana en los que se refiere al apoyo a proyectos, estudios y difusión de políticas. La comunicación debe ser considerada un elemento fundamental para las iglesias, como el proceso por el cual se recibe y se comparte el amor de Dios, creando así comunión y comunidad.
 
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