Canadá pide disculpa: Un poderoso acto de comunicación
Toronto, Canadá 12 de junio 2008


Pedir disculpa es un acto de comunicación que encuentra eco en la historia del siglo XX, y ahora, en el siglo XI. No es un acto frecuente, y a menudo es insuficiente y llega tarde. Decir que se lamenta lo sucedido abre la puerta a un proceso de reconciliación que intenta sanar una relación que ha sido rota. El tiempo que llevará este saneamiento depende de la profundidad de la herida, de la sinceridad de la disculpa y de las acciones subsecuentes. Requiere establecer las causas y las responsabilidades de la herida. Requiere también que se diga la verdad, lo que es doloroso y, a la vez, catártico.

El ofrecimiento de una reconciliación no puede surgir de los que perpetraron la herida, sino solamente de aquellos cuya dignidad e integridad han sido dañadas. La reconciliación puede ser y probablemente será ofrecida cuando la confianza haya sido re-establecida. La comunicación se convierte en un elemento indispensable en el proceso de pasar del conflicto y la confrontación al diálogo y el entendimiento. En dichas circunstancias, la comunicación genuina se encuentra en una posición vulnerable ya que pone su confianza en las buenas intenciones del otro y valida al otro como un igual en el viaje hacia la reconciliación.


El histórico pedido de disculpas que hizo ayer el Gobierno de Canadá a las Primeras Naciones – que algunos consideran que se debería heber hecho hace mucho tiempo – debe considerarse como un acto comunicativo de la mayor importancia. El Primer Ministro Stephen Harper pidió disculpas a los antiguos estudiantes de las escuelas residenciales indígenas. Describiendo lo ocurrido como un triste capítulo en la historia de Canadá, el Sr. Harper dijo que ‘El Gobierno ahora reconoce que las consecuencias de la política de las escuelas residenciales indígenas fueron profundamente negativas y que dicha política ha tenido un impacto duradero y negativo en la cultura, herencia e idioma de las Primeras Naciones.’

Entre el 1840 hasta casi el final de la década de 1980, alrededor de 150,000 niñas y niños de las primeras naciones, inuit y métis, fueron sacados de sus comunidades y obligados a asistir una de las 130 escuelas-internados existentes. Bajo la supervisión del Departamento de Asuntos Indígenas, los internados hicieron que las niñas y niños aborígenes aprendieran inglés y adoptaran el cristianismo y costumbres occidentales como parte de una política llamada ‘asimilación agresiva’.

La Iglesia Unida del Canadá ofreció formalmente una disculpa a la gente de las Primeras Naciones en 1986, acto que fue seguido por los Misioneros Oblatas de María Inmaculada (1991), la Iglesia Anglicana (1993) y la Iglesia Presbiteriana (1994). El 1o. de julio del 2008 una Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC en sus siglas en inglés) dio inicio formalmente a la tarea de entender cómo la experiencia de los internados afectó a las personas y comenzó a escuchar sus testimonios e historias. La Comisión elaborará un recuento histórico de los internados, ayudará a la mejoría de las personas afectadas, e incentivará la reconciliación entre Canadienses aborígenes y no aborígenes. La TRC tiene un presupuesto de 60 millones de dólares canadienses y completará su trabajo en cinco años.

Pensar que simplemente el pedido de disculpa y el establecimiento de formas de justicia retributiva o restaurativa serían suficientes como medidas en sí mismas, sería ingenuo e incorrecto. Los actos de comunicación son procesos de largo plazo que comienzan como una comunicación genuina y que continúan profundamente en el futuro con acciones concretas que – eventualmente, esperemos – conduzcan al perdón y la reconciliación. Es un camino largo, pero ya se dio el primer paso.

Randy Naylor, Secretario General de la WACC.